Lo que compras en PS Store, Steam o App Store es una licencia que la tienda puede retirar. Qué puedes perder, qué dice la ley y qué debería cambiar.
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¿Físico o digital? Si quieres conservar lo que pagas, físico. El digital es más cómodo, pero lo que compras en PlayStation Store, Steam, la eShop o la App Store es una licencia que la tienda puede retirar, y hoy ninguna ley te garantiza que esa biblioteca de cientos de juegos, construida durante años, siga siendo tuya mañana. Steam te lo avisa en el carrito, justo antes de pagar: «La compra de un producto digital otorga una licencia».
Pocos jugadores lo leen, y menos aún saben lo que significa: que la tienda puede cerrar tu cuenta si dejas de usarla, borrar de tu biblioteca contenido que pagaste o retirar un juego y venderte después una versión nueva. Todo eso ya ha pasado.
El disco de Elden Ring que tienes en la estantería es tuyo como lo es un libro. Puedes venderlo en Wallapop, regalarlo o dejárselo a un amigo, y ni Sony ni Bandai Namco pueden impedirlo: la Ley de Propiedad Intelectual establece que, cuando el titular vende una copia en la Unión Europea, pierde el control sobre lo que pase con ella después.
Con la descarga no compras ninguna copia. Compras un permiso para jugar mientras la tienda quiera y tu cuenta exista. Sony te dice en sus condiciones de servicio que no eres propietario de lo que compras; Steam, en su acuerdo de suscriptor, que sus contenidos «se otorgan mediante una licencia y no son objeto de venta». Esas condiciones las redacta la tienda y las cambia la tienda.
Con el disco compras una copia. Con la descarga compras un permiso revocable.
Lo mismo vale para las monedas y skins que compras dentro del juego, que Bruselas quiere regular aparte en su propuesta de EU KIDS Act para los juegos con moneda virtual.
Piensa en tu cuenta de PlayStation. Quizá lleve una década acumulando juegos, expansiones y compras de la generación de PS3. Sus condiciones permiten a Sony cerrarla si pasas 36 meses sin usarla: te escribe al correo, te da seis meses para entrar y, si no lo haces, la cierra. Con ella se va todo lo que compraste, sin reembolso y sin vuelta atrás. Basta un correo antiguo que ya no consultas, una mudanza, una enfermedad o unos años alejado de la consola. Microsoft pide iniciar sesión cada dos años, aunque su política de actividad exime a las cuentas con compras de productos Microsoft actuales, con saldo o con una suscripción activa.
Y no hace falta dejar de jugar para perder lo comprado. El 1 de septiembre de 2026 Sony eliminó de las videotecas de sus usuarios en España las películas y series de Studio Canal que habían comprado en PlayStation Store. El motivo fue el fin de un acuerdo de licencia entre Sony y la distribuidora, y su aviso oficial no menciona reembolso alguno. En 2023 había anunciado lo mismo con más de mil temporadas de series de Discovery, y acabó dando marcha atrás con un nuevo acuerdo de licencia tras las críticas. No eran juegos, pero era la misma tienda, el mismo botón de «comprar» y el mismo tipo de licencia.
Las cuentas también se pierden por un baneo o por un robo. Si compartes la cuenta, aunque sea con un familiar, Sony puede suspenderla y con ella tu biblioteca. Si te la roban, quien entra puede activar su consola como principal y usar la desactivación remota de las tuyas, que PlayStation solo permite una vez cada seis meses.
Normalmente sí, desde la biblioteca de tu cuenta. Pero que sea lo normal no significa que te lo garanticen. Microsoft lo dice sin rodeos en su contrato de servicios: salvo que la ley lo exija, no está obligada a ofrecerte una nueva descarga de lo que ya compraste.
En móvil, el problema es todavía más visible. Yo compré en la App Store la saga Tales of Monkey Island. Aquella versión desapareció de la tienda, la saga volvió años después como una aplicación distinta y, para jugarla hoy, tendría que pagarla otra vez. No es un caso aislado. Apple retira de forma periódica las apps que considera desactualizadas y solo garantiza que seguirán funcionando para quien ya las tenga instaladas en su dispositivo. Si cambias de iPhone, o si la versión que guardas deja de funcionar con el sistema actual, el juego que pagaste puede quedarse fuera de tu alcance.
En PC existe la prueba de que se puede hacer de otra manera. GOG vende juegos sin DRM y permite descargar el instalador completo para guardarlo donde quieras. Ese instalador funciona sin conectarse a la tienda. La mayoría del mercado ha elegido otro modelo.
No. Y tampoco puedes regalarlos ni dejarlos en herencia como harías con tus discos: el permiso muere con la cuenta, como contamos en la guía sobre qué ocurre con el contenido digital de una persona fallecida.
Hubo un intento serio de cambiarlo. En 2015 la asociación francesa de consumidores UFC-Que Choisir demandó a Valve para que Steam permitiera la reventa. El Tribunal de Justicia de la UE ya había aceptado en 2012 la reventa de programas descargados con licencia perpetua, pero en 2019 la negó para los libros electrónicos, y los videojuegos, que el propio Tribunal había descrito como programa más arte, música y diseño, quedaban en medio. En octubre de 2024 el Tribunal Supremo francés resolvió que un juego es una obra compleja, no un simple programa, y que Steam puede prohibir la reventa. Nueve años de pleito para confirmar que lo que pagaste vale cero en cuanto lo terminas.
Nadie lo sabe, y ese es el problema. El acuerdo de Steam permite a Valve dejar de operar sus tiendas y no prevé ningún reembolso general para ese caso. Lo que sí sabemos es lo que ocurre cuando una editora decide apagar un juego. En marzo de 2024 Ubisoft desconectó los servidores de The Crew: el juego dejó de funcionar para todos, también para quienes tenían el disco, y semanas después desapareció de las bibliotecas digitales de quienes lo habían comprado.
De ahí nació Stop Killing Games, que reunió casi 1,3 millones de firmas verificadas en una iniciativa ciudadana europea. La respuesta de la Comisión Europea, en junio de 2026, fue que por ahora no obligará a nadie a mantener jugables los juegos. Ofreció a cambio un código de conducta voluntario con la industria y recordó que el jugador puede tener derecho a un reembolso proporcional.
Ese derecho existe, pero es estrecho. La ley de consumidores obliga a que un juego funcione como se anunció, y el vendedor responde durante dos años si lo compraste de una vez, o mientras dure el servicio si es online. Pasado ese plazo, la ley no contiene ninguna regla específica que impida apagar una licencia pagada. Se puede discutir que es abusivo cerrar una cuenta y borrar compras por mero desuso, y antes de llevar a una tienda a juicio tendrías que intentar negociar con ella. Pero ningún jugador debería tener que plantearse si necesita un abogado para conservar lo que pagó.
La comodidad del digital no debería pagarse con inseguridad. La Comisión se ha comprometido a informar antes de que acabe 2026 sobre cómo se aplica la directiva de contenidos digitales, y es el momento de pedir reglas que hagan de una compra digital una compra de verdad:
Hasta que eso llegue, todo el riesgo recae sobre quien compra.
Si el juego te importa, físico. Sobre todo si vas a revenderlo o prestarlo, si coleccionas o si es un juego para un jugador que funciona sin conexión y quieres poder volver a él dentro de veinte años. Pero mira bien la caja: en Switch 2, las tarjetas llave de juego no llevan el juego dentro, solo la llave para descargarlo, y en PlayStation los juegos nuevos solo saldrán en digital desde enero de 2028.
Si compras en digital, protege tu biblioteca como lo que es, un patrimonio que puedes perder. Entra en cada cuenta al menos una vez al año, mantén el correo al día, activa la verificación en dos pasos, no la compartas y pide de vez en cuando tu historial de compras: el RGPD te da derecho a obtenerlo, y es tu prueba de todo lo que pagaste.
Sí. Sony puede cerrar una cuenta que lleve 36 meses sin usarse, después de avisarte por correo y darte seis meses para entrar. También puede suspenderla o cerrarla si incumples sus normas, por ejemplo al compartirla. En los dos casos pierdes el acceso a todo lo que compraste con ella, sin reembolso.
En PlayStation, 36 meses; después Sony puede iniciar el cierre con seis meses de aviso. En Xbox, Microsoft exige iniciar sesión cada dos años, salvo que la cuenta tenga compras de productos Microsoft, saldo o una suscripción activa. El acuerdo de Steam no prevé el cierre por inactividad. Para no arriesgarte, entra en cada cuenta al menos una vez al año.
Normalmente sí, desde la biblioteca de tu cuenta, y solo pierdes las partidas que no estuvieran en la nube. Pero no siempre está garantizado: Microsoft dice en su contrato que no está obligada a ofrecerte una nueva descarga salvo que lo exija la ley, y en la App Store hay juegos retirados que no se pueden volver a instalar.
Que un juego deje de venderse no lo borra por sí solo de tu biblioteca. The Crew siguió en las bibliotecas tras salir de las tiendas y desapareció cuando Ubisoft apagó sus servidores. Lo que sí puede dejarte sin tus juegos de Steam es que Valve cancele tu cuenta por incumplir el acuerdo, sin devolverte lo que pagaste.
No hay ninguna garantía. El acuerdo de Steam permite a Valve dejar de operar sus tiendas y no prevé un reembolso general para ese caso. Los juegos que funcionan sin conexión y tienes instalados resistirían mejor, y los comprados en tiendas sin DRM como GOG puedes guardarlos con su instalador.
No. Ninguna tienda permite revender una licencia, y Steam y PlayStation prohíben vender la cuenta. En Francia se intentó cambiarlo por la vía judicial, y en 2024 el Tribunal Supremo francés dio la razón a Valve. Solo puedes vender o regalar el disco o la tarjeta física.
Por lo general, no. La licencia es personal e intransferible y queda ligada a la cuenta del titular, así que no pasa a los herederos como pasaría una colección de discos. Lo explicamos en la guía sobre el testamento digital.
Durante una suspensión puedes perder el acceso a tus juegos, también a los que pagaste. Si el cierre es definitivo, los pierdes, y las suscripciones no se reembolsan. Las causas más comunes son compartir la cuenta y comprar o vender cuentas.
Recupérala por el procedimiento oficial, cambia la contraseña, avisa a PlayStation y activa la verificación en dos pasos. Pide tu historial de compras: el derecho de acceso del RGPD te permite obtenerlo en un mes, y es la prueba de lo que tenías si hay que reclamar.
Tus juegos digitales de PS4 aparecen en la biblioteca de la PS5 y casi todos funcionan, mientras tu cuenta siga activa. Los discos de PS4 también, salvo en la PS5 edición digital, que no tiene lector.
Pierdes los juegos del catálogo y, en PS Plus, también los mensuales, hasta que vuelvas a suscribirte. Lo que compraste se queda, aunque lo compraras con descuento de suscriptor.
Depende del plazo. La ley de consumidores obliga a que el juego funcione como se anunció. Si lo compraste de una vez, el vendedor responde durante dos años; si es un servicio online, mientras se preste. Dentro de ese plazo puedes reclamar a la tienda una reparación, una rebaja o la devolución de lo pagado.
Este artículo se ha preparado con ayuda de inteligencia artificial. El abogado que lo firma ha revisado cada dato y responde de su contenido.
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